Se cruzan taladrandome las sienes,
colisión que abomba el craneo y
drena en la mirada
de la marioneta que les entretiene,
como viuda del pescador, desquiciada.
Ya no uso el corazón, no me conmueve,
no hay furia, no hay desprecio que me tumbe, ¡créeme!
¡no hay hielo, no hay infierno que me queme!
solo soy yo el yunque al cuello
cuando llueve
[08 enero 2009]
jueves 8 de enero de 2009
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